Estamos de campamentos, es de noche y un castor está triste porque echa de menos a sus padres.

Un lobato acaba de caerse y tiene una buena herida en la rodilla y está un poco asustado.

Los rangers están coronando su primera cima, pero hay alguno que está a punto de rendirse a escasos metros del triunfo.

Como cada sábado vas a los scouts a reunirte con el resto de pioneros, pero hoy lo haces un poco cabizbajo porque el examen de ayer no te fue nada bien…

La rama ruta es de las mejores, pero coincide con una etapa de la vida  con muchos cambios, toma de decisiones… y lo más normal es estar nervioso por el futuro incierto que se avecina.

Probablemente, ante estas situaciones, más de uno habréis reaccionado con un fuerte abrazo.

Cuando tenemos un mal día nos gusta que nos abracen…

¿Por qué necesitamos ese gesto tan cariñoso?

Aunque esto pueda parecer muy sentimental, la explicación viene de la ciencia.

Las personas nos abrazamos con una duración media de 3 segundos.

Pero unos investigadores han descubierto que cuando un abrazo se alarga hasta los 20 segundos o más, se produce un efecto terapeútico tanto para el cuerpo como para nuestra mente.

Y es que un abrazo dado con sinceridad produce una hormona comúnmente denominada como la hormona del amor, científicamente llamada “oxitocina”.

Esta sustancia nos ayuda a relajarnos, a sentirnos seguros, a superar nuestros miedos y a paliar nuestra ansiedad.

La ventaja de este remedio casero es que es gratuito y accesible en todo momento, siempre que tengas a alguien al lado.

Si estás a la espera de que nazca tu bebé, si sabes de alguien que ha tenido un mal día o está pasando por un mal momento, un abrazo a largo plazo es el mejor remedio para hacer de ese instante algo mágico y renovador.

Vía El economista