Pero ¿qué pasa cuando quieres formar un grupo scout desde cero, en una localidad donde no hay otros grupos scout y no tienes referencias donde apoyarte? Para éso está el Área de Crecimiento de Scouts MSC.

Para solucionar esta demanda el Área de Crecimiento de Scouts MSC está desarrollando un campamento muy especial “El Campo Escuela Gavilanes” dirigido a jóvenes interesados en desarrollar la labor de monitor de tiempo libre así como en la fundación de grupos scouts en sus ciudades.

Una veintena larga de participantes de la Rioja, Andalucía, Madrid y Cantabria están participando durante estos días en este campo escuela en una preciosa campa en Gavilanes, Ávila, en plena Sierra de Gredos. La dinámica es muy parecida a la del campamento de cualquier grupo scout.

Los participantes se organizan por equipos, desarrollarán las tareas de servicio y ritmo propio de un campamento scout.

Marchas, juegos, talleres, veladas, se intercalan con los contenidos de la formación para la obtención del título de monitor de tiempo libre.

El desarrollo del campamento está siendo fenomenal. Las construcciones han quedado muy chulas, el entorno natural ayuda un montón, y la motivación y las ganas de aprender de los participantes están haciendo que la actividad esté siendo un éxito.

Como anécdota, imaginaos la noche del pasado sábado una eucaristía a las diez de la noche bajo la luz de una luna casi llena y alumbrados por la luz de las velas.

En este marco Antonio Matilla celebró una eucaristía en la que nos iba explicando el porqué de los símbolos, acompañado por la música de un violín que hacía sonar un participante en el campamento.

¿Sabeis lo que es escuchar un Ave María, con un solo de violín, a la luz de la luna, en medio del campo, con todo el campamento reunido en círculo?

Para que dejeis de imaginar ya podeis ver algunas fotos de este campoescuela.

Finalizamos el artículo con un texto de Antonio Matilla.

Jugar en serio

Ayer hice tres horas de viaje por la Sierra de Gredos para ir a celebrar la Eucaristía con treinta jóvenes en un metacampamento, que es un campamento que se hace para aprender a hacer campamentos, porque a andar se aprende andando, a rezar rezando y a vivir dándose coscorrones.

Pretenden estos jóvenes poner en marcha grupos scouts sin haber sido scouts con antelación.

Eso es posible porque el escultismo –el Movimiento scout- no es un juego de niños, es un juego serio. Ser niño –jugar- es una cosa muy seria y nuestra sociedad, muchos padres incluidos, no parece entenderlo.

Algunos creen que lo serio es que su hijo o hija de ocho años trabaje más que ellos: seis horas de clase, más dos horas de deberes, más dos horas de actividades extraescolares varias, más una hora de deporte, son once horas diarias de trabajo infantil.

Con toda la buena intención, que de ellas está el infierno empedrado, convierten al niño en un juguete al servicio de las ilusiones adultas o, lo que es peor, entran en el juego de una sociedad cuyo ideal de vida consumista y productivista se ha mostrado equivocado en la actual crisis.

Los niños tienen obligación de ser pequeños, pero no son tontos.

Desde la perspectiva del Escultismo en general y del Escultismo católico en particular, el niño lleva en si unas posibilidades ilimitadas de desarrollo personal; o de otro modo, lleva dentro la imagen de Dios y, si la deja desarrollarse, está llamado a un crecimiento personal sin límites.

Ésto parece demasiado serio para un niño, a no ser que se lo tome como un juego, porque el juego es una actividad completa: requiere esfuerzo, constancia, análisis de la situación, creatividad; es mejor jugarlo en comunidad, con todo el aprendizaje de relaciones humanas que conlleva.

Y el juego es alegre, es la fiesta de la vida que se va ganando y celebrando su crecimiento en amistad y compañía.

¿Y los adultos que les acompañan y que hacen posible el juego?

Gente privilegiada que se hace como niños, o que deja salir el niño que lleva dentro, para entrar en el Reino de los Cielos; o si se prefiere, para dejar este mundo un poco mejor de cómo lo han encontrado.

Antonio Matilla, sacerdote.