“No hay nada tan educativo como la experiencia.

Pero la variedad de nuestras experiencias en el curso de nuestra vida es pequeña en comparación con la cantidad de las que imaginamos más o menos detalladamente, y en las cuales nos contemplamos jugando un papel preponderante.

Estas experiencias imaginarias son auténticamente educativas.

Como es natural, esta especie de experiencia juega un gran papel durante los años de la infancia: queda intensamente modelada y coloreada por las historias que hayamos leído u oído.

¿No decía Ulises que él era lo que había visto?

¿Y acaso el muchacho no ve realmente, mientras le contáis una historia?

¿Es que no va recorriendo el mundo?

¿Acaso no libra más de un duro combate?

¿Acaso no gobierna más de un buque a través del mar inmenso y azul?

Y todavía mucho tiempo después de haber oído la historia, ¿no es él mismo la personificación de su héroe?

¿No lo transforma todo para que se adapte a la puesta en escena de esta historia?

¿No está animado por idénticos impulsos e intenciones que los del héroe de la historia, sea éste bueno o malo?

¿No contempla las cosas desde su punto de vista?

El niño ha ido tomando nota, mentalmente, de la forma como el héroe actuaba en las circunstancias descritas, y se basa en ella como la forma correcta de actuar.

Ha ido tomando nota del resultado de sus acciones, de los efectos que siguen a las causas, y sobre ello fundamenta sus juicios y el baremo de sus aplicaciones, como si los acontecimientos correspondieran a la realidad, y no a la ficción.

Las opiniones que él se forma de la vida y de la gente son opiniones tanto imaginarias como fundamentadas en la realidad.

Pero, en todo caso, se trata de juicios y apreciaciones que se convierten en realidad integrante del niño: ello nos demuestra con qué alarmante rapidez los relatos que provocan estos juicios constituyen una auténtica formación del carácter.

Los cuentos despiertan el interés que el niño siente por la vida.

Las diversas peripecias de un cuento actúan sobre el espíritu y el corazón del niño de una manera directa y personal; pero eso no es todo.

El hecho mismo de oír explicar o leer historias que excitan el ánimo, expansiona el alma y lleva a la realidad.

Las historias que muestran que la vida merece la pena vivirse, que hacen ver el mundo lleno de cosas a hacer, a experimentar, a amar, hacen que el niño sienta por la vida un interés más vivo y más consciente.”

Texto escrito por Vera Barclay, enfermera, pedagoga y una de las primeras jefas scout (durante la Primera Guerra Mundial).

Recibió el encargo de Baden Powell de adaptar el método scout a la Rama Lobatos integrando “El Libro de las Tierras Vírgenes” de Ruidyard Kipling.

Vía Baúl de Cuentos y foto