Con estas palabras rotundas y categóricas el Papa ha abroncado este martes la tendencia de numerosos institutos religiosos de transformar los viejos monasterios y seminarios que se han quedado abandonados en hoteles de lujo.

Francisco, el Papa de los pobres, ha pedido que en lugar de convertirlos en albergues esos conventos sean destinados a los inmigrantes.

Así de claro y de rompedor.

El pontifice ha lanzado su propuesta en la visita que este martes ha llevado a cabo a un centro de refugiados y de solicitantes de asilo que los jesuitas gestionan en el centro de Roma.

Francisco, como siempre, ha sido el primero en predicar la pobreza con el ejemplo: se presentó sin escolta y abordo de un pequeño coche utilitario.

Y, nada más llegar al centro al filo de las 15.30 horas, lo primero que hizo fue entrar en el comedor y saludar a los refugiados a quienes les estaban siendo distribuidos alimentos.

Pero, sobre todo, Franciso ha hablado.

Sin pelos en la lengua, como hace él.

Ha asegurado que “la caridad que deja al pobre como está no es suficiene” y que de lo que se trata es de hacer “justicia” y de encontrar el modo de que los pobres dejen de serlo.

Y en ese sentido ha levantado el dedo acusador contra las instituciones políticas y contra la propia Iglesia a fin de que nadie “tenga necesidad de recurrir a un comedor de caridad, a un alojamiento por suerte, a un servicio de asistencia legal para ver reconocido su propio derecho a trabajar, a ser plenamente persona”.

“El Señor nos llama a vivir con más valor y generosidad la acogida en comunidad, en las casas, en los conventos vacíos”.

Y ahí es donde ha soltado eso de que es mejor que los conventos vacíos se destinen a los refugiados en vez de que sean transformados en hoteles.

Vía El Mundo