Cincuenta años, diez lustros, cinco décadas. No todas la relaciones tienen la suerte de cumplir sus bodas de oro como los scout vitorianos. Este movimiento ha demostrado que el binomio “compromiso y diversión” no pasa de moda y hoy en Vitoria todavía hay 270 chavales inmersos en el escultismo y repartidos en cuatro conjuntos: Lobatos, Rangers, Pioneros y Rutas.

Les dirigen 51 educadores y diez coordinadores. Son el fruto de una alternativa al tiempo libre que brotó en 1959, con el mítico grupo de chicos La tropa Manuel Iradier, al que tres años después siguió su réplica femenina de la mano de Maite Sáez de Olazagoitia. Tan buenos recuerdos tienen los pioneros, que para celebrar sus 50 aniversario, han fundado la asociación Arabako Atzoko Eskautak, que hará una gran fiesta en Egino.

“Durante el primer año salí con jóvenes de mi edad. Nos encantaba ir al túnel de Laminoria y pegarnos a la pared mientras pasaba el tren vasconavarro. Nos subíamos a los campanarios de las iglesias, ¡hasta distinguíamos el sonido de las campanas de los diferentes pueblos!”, recuerda Sáez de Olazagoitia. Corría el año 1962. Ella fue, además, la primera delegada diocesana “como se llamaba entonces a la presidenta”.

Su etapa de monitora tampoco se queda corta de anécdotas: niñas que se lavaban la ropa con ella puesta, arroz con cangrejos recién pescados para comer, zorros como visitantes nocturnos… Lo único que añora es que ahora “todo está demasiado resuelto. Antes era más aventura”, comenta Sáez de Olazagoitia.

Comprometidos

Ahora cinco grupos integran Euskalherriko Eskautak Araba (EEA): Amurrio, Berri Bide, La Esperanza, Los Ángeles y San Viator. Todos sus miembros -que para nada cumplen el estereotipo americano de repartir galletas- son miembros del Movimiento Scout Católico. Y mantienen el ideal fundacional: mejorar las condiciones de vida de la juventud y transformar la sociedad.

Maitane Arranz empezó como ‘lobato’ a los ocho años. La actual presidenta de EEA lleva implicada dos décadas, sólo interrumpidas por “año y medio en la edad del pavo”. “Veía que la rutina no me llevaba por los valores y estilo de vida que yo quería. Todo es competición e individualismo, así que decidí cambiarlo”, dice Arranz.

Según explica, “ser scout es más que ir al monte. Somos educadores no formales de todos los chavales, así que tenemos una gran responsabilidad”. Sus programas y objetivos, poco reconocidos según lamentan sus miembros, tratan de fortalecer tres pilares -persona, sociedad y fe- dentro de un ambiente ameno, lúdico y rodeados de un entorno natural.

Kike Loza empezó como ‘ranger’ y su labor hoy a los 22 años es lidiar con ‘lobatos’ y ‘alitas’. “Son los más pequeños. Te abrazan, te admiran… En la cima de La Muela, una niña haciendo una reflexión empezó a llorar y al final nos contagió a todos. Te dan todo lo que tienen”, comenta Lorza. Para él, futuro coordinador de los scout de San Viator en 2010, el escultismo es imprescindible porque “aporta un valor educativo a la sociedad y a ti mismo”.

Los Pioneros de La Esperanza son cosa de Josu Arce. “Empecé con este grupo cuando tenían 11 años y este verano me han pedido que sea su responsable en la última etapa. Será un honor”, explica Arce. Cuando era chaval tuvo que “ igualar la hierba de la campa -¡a 14 milímetros!- con unas tijeras”, pero a sus 23 primaveras, ahora es el presidente de este grupo. Para él, ser responsable es “devolver lo que yo aprendí”. Pero no está solo.

De tal palo tal astilla

Sus hermanos Mikel e Iñigo también son scouts. El segundo es responsable de los ‘rutas’, los más mayores. A ellos, el gusanillo se le metió en casa por su padre, Juan Ignacio Arce. “En el 64 empecé a ser scout. He participado en distintos grupos y lo mejor es ver cómo los jóvenes salen preparados para dar respuesta a la sociedad”, relata.

A él y a otros pioneros como Juan María Ollora o Luis María Fernández se les amontonan los buenos recuerdos. “En Oro, con Benedicto López de Foronda, pasamos una noche tirando piedras al tejado del pórtico donde dormía. Otra vez fuimos a Campezo por la noche a tirar las tiendas del campamento de chicas y Maite (Sáez de Olazagoitia) las puso a dar vueltas, corriendo por el campo, porque pensó que habían sido ellas”, comenta jocoso.

Hoy día, 270 chavales y 61 educadores mantienen viva la llama de estos grupos.

Fuente elcorreodigital