El letargo del verano toca su fin.

Se acerca la vuelta al cole, y con ella los trayectos en coche, los bocadillos para el recreo, los cuadernos de apuntes y los libros de texto.

Hay que empezar a prepararse para no olvidar nada y también, por qué no, para que podamos revisar que son respetuosos con el medio ambiente.

De paso, coincidiendo con el comienzo del curso, podemos cambiar algunos hábitos diarios en los desplazamientos y nuestra alimentación de los pequeños, para darle un respiro al Planeta.

Un estudio con niños menores de ocho años realizado por el investigador de la Universidad del País Vasco, José Domingo Villarroel, profesor de la escuela de Magisterio de Bilbao, demuestra que la conciencia ecológica se desarrolla en edades tempranas.

Los resultados revelaban, además, que los pequeños creen que perjudicar a otro niño o a las plantas es más reprobable que romper las normas sociales.

“También en los casos en los que piensan que las plantas no son seres vivos.

Es decir, no saben con certeza si la flor es un ser vivo o no, pero les parece mucho peor pisarla que tomar la sopa de manera inadecuada o meterse los dedos en la nariz”, aseguraba el autor en la presentación de la investigación.

 

¿Y qué está en nuestras manos?

A la hora de preparar la mochila para clase es posible inculcar a los niños valores de respeto al medio ambiente.

En el supermercado o en Internet es cada vez más fácil encontrar productos ecológicos.

Por otro lado, las tres ‘R’ -reducir, reutilizar y reciclar- también tienen cabida en el colegio.

Por eso, y para evitar una sangría económica, estas reglas son fundamentales.

¿Realmente es necesario cambiar de mochila o el compás cada año?

Un pequeño inventario de lo que ya tenemos y se puede reutilizar evitará compras innecesarias.

Es ecológico y ahorra dinero.

Con la papelería es más sencillo encontrar opciones ecológicas y a buen precio.

Cada vez hay más cuadernos de papel reciclado y blaqueado sin cloro.

En este punto es importante, además, inculcar a los pequeños la importancia de aprovechar las libretas, por ejemplo, tomando notas por las dos caras, y que el papel que finalmente vaya a ser desechado no acabe en la basura, sino en el contenedor azul para su posterior reciclado.

Pero no todo es estudiar.

Suena el timbre y llega la hora del recreo.

El momento del bocadillo.

También en este sentido se pueden introducir hábitos saludables para el medio ambiente, desde la comida hasta el envoltorio.

Mejor los productos de temporada y frescos que los envasados, procesados y en bolsas de plástico normalmente.

Aunque parezca raro, así se evitan emisiones de CO2 a la atmósfera.

Y para que la merienda sea verdaderamente ‘eco’, el papel de aluminio no es una opción.

Ya hay en el mercado envoltorios reutilizables para el tentempié de medio día, como el Boc’nRoll, ideado por una empresa catalana.

Para las comidas, tarteras reutilizables.

Y el agua, en cantimplora o botellas rellenables.

En el patio no solo se come el bocadillo o la manzana, sino que principalmente se juega.

En este sentido también hay algunas prácticas más ecológicas que otras.

Aunque esto requiere que padres y profesores se involucren en que se lleven a cabo.

El autor Manuel Gutiérrez Toca tiene varios títulos en las librerías al respecto, como Juegos ecológicos con piedras y palos o Juegos ecológicos con botellas de plástico.

En ellos, el autor propone que los pequeños fabriquen sus propios juguetes, por ejemplo raquetas, a partir de materiales aparente inservibles, dotándoles de una nueva y lúdica utilidad.

Con la ropa lo de reutilizar la del año anterior se complica.

Los chavales crecen rápido y el armario se renueva cada curso.

Eso no impide, sin embargo, que se pueda hacer una gestión sostenible de las prendas, tanto de las que se adquieren, buscando materiales biodegradables y con sellos de respeto al medio ambiente, como de las que se desechan.

Los pantalones o las camisetas pueden tener una segunda vida, siempre que estén en buen estado, si los hereda el hermano menor, o los regalamos a algún familiar o amigo.

¿No hay nadie a quién le pueda servir?

Seguro que si se depositan en los contenedores de textiles, encuentran un dueño que los necesita.

Las costumbres tardan un tiempo en serlo, pero todo es empezar.

La vuelta al cole es también un buen momento para ello, por ejemplo, en los desplazamientos.

En bicicleta o caminando, las emisiones de CO2, son cero.

Y la contaminación acústica nula.

Pero si el coche es inevitable para llevar a los niños al colegio, se pueden reducir con una conducción eficiente, evitando los acelerones y frenazos, manteniendo una velocidad constante en la medida de lo posible y apagando el motor en los atascos.

Es bien sabido que los niños aprenden lo que ven y de ellos dependerá, en gran medida, la conservación del Planeta.

La vuelta al cole puede ser solo la excusa para empezar algo más que curso nuevo.

Vía El País