1. Odian su trabajo.

Si algo no nos gusta, silbamos y sonreímos.

¡Al mal tiempo buena cara!

2. Se preocupan siempre del dinero.

¿El dinero nos permite comprar felicidad, un hermoso paisaje, una magnífica ruta o una inolvidable experiencia?

No, ¿verdad?

3. No tienen ningún hobbie.

Los tenemos a montones y los ponemos en práctica siempre que podemos.

Y no sólo los practicamos, sino que los compartimos con nuestros hermanos scouts.

Siempre aprendemos y descubrimos algo nuevo.

4. Siempre quieren más.

Nosotros somos felices con lo que tenemos y lo explotamos al máximo.

Y cuando ya le hemos sacado todo el provecho, hacemos un trueque con el de al lado ¡y tan felices!

5. Siempre quieren viajar muy, muy lejos.

Unos campas siempre son geniales, sean en Cancún, a Katmandú, a la vuelta de la esquina o a la Luna.

6. Piensan que las cosas materiales les aportan felicidad.

Bien sabemos nosotros que “la verdadera manera de obtener la felicidad, es haciendo felices a los demás.”

7. Están solos.

Vamos, esto es imposible.

¿Sentirse solo siendo scout? Siempre tendremos un castor, lobato, ranger, pionero, ruta o responsable a nuestro lado.

Y lo mejor es que si sabemos que alguien se puede sentir solo, lo invitamos a pasarse por nuestro grupo.

8. No les gusta su pueblo o ciudad.

Mientras tengamos nuestro grupo y nuestro local donde reunirnos… el lugar en cuestión ya nos parece perfecto.

9. No tienen mascotas.

Nosotros tenemos todas las mascotas del mundo, desde la hormiga más minúscula que se nos come las migas de pan hasta el sapo que ha dormido bajo nuestra tienda todos los campas.

10. No se gustan a ellos mismos.

¿Cómo no nos vamos a gustar con todas esas cosas buenas que tenemos?

 

El escultismo nos enseña a tomar la vida de una forma distinta.

Nos educa en valores, nos hace crecer, madurar.

Nos da las herramientas necesarias para ver siempre el vaso, medio lleno no, ¡lleno hasta arriba!

Vía Banoosh