Esos treinta y dos lobatos, esa tropa de 4 y 5 patrullas, esa esculta de unas 20 personas.

Ese Baloo haciendo volar a 4 lobatillos a la vez, esos troperos dejándose la voz al gritar..

Acampadas de 3 días que deseabas que fueran de un mes, excursiones que te dejaban sin respiración pero que te encantaba cuando llegabas.

Campamentos en los que cada minuto es una anécdota, marchas que acaban contigo.

Simples sonrisas, abrazos, caídas, carcajadas.

Historias de miedo por las noches, de esas que hacían que un lobato no durmiera el resto del campamento.

Veladas inolvidables e irrepetibles.

Aquella cuesta de aquella marcha que tuvimos que subir con los pies, y las manos!

Estar media tropa 3 días aislados por gastronteritis.

Estar en un consejo de roca y ver a un toro, suelto, a 5 metros de ti.

Juntarnos 10 en una tienda a media noche, que nos pillen y nos dejen sin actividad.

¿Recuerdas aquellos tiempos en los que el local era nuestra segunda casa?

¿En los que si un sábado no ibas pensabas que te ibas a morir?

Y es que esos tiempos eran los mejores, en los que “uno para todos y todos para uno!”.

Vía El blog scout siempre

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