Nos escribe Irene, profesora de educación infantil y que recientemente ha abierto un blog sobre una metodología muy específica “Aprendizaje a través de Proyectos”.

Nos ha hecho llegar este artículo sobre la idoneidad de los campamentos para los niños y niñas.

 

Yo no puedo ser muy objetiva en este tema, ya que parte de mi infancia, adolescencia y juventud, la pasé de campamento en campamento recorriendo todos los parajes naturales, áreas de recreo o montes en donde se podía ejercer la acampada libre.

Pero precisamente por mi experiencia directa, puedo hablar en primera persona de aquello que aporta al niño que emprende esta aventura animado por su familia.

¿Por qué es favorable apuntar a tu hijo a un campamento de verano?

Un campamento de verano, persigue el contacto con la naturaleza, la convivencia, y el desarrollo de la autonomía.

Por lo tanto, es más que evidente que cualquiera de estos tres factores no puede aportar más que valores positivos a los pequeños “exploradores”.

Por un lado el contacto con la naturaleza siempre colaborará a desarrollar valores de respeto, cuidado y disfrute del medio ambiente, cosa que hoy en día es absolutamente necesario en los niños.

Vivimos en una rutina de trabajo, horarios, escuela, etc, que pocas veces les permite a los niños disfrutar del aire libre y fresco de la montaña, por lo tanto esta es una buena oportunidad para no desaprovechar.

Además los conocimientos que se adquieren de plantas, animales, o incluso la concienciación del cuidado de nuestro entorno o el maltrato a los animales, serán el complemento perfecto para completar la llamada educación en valores.

Respetando al más pequeño insecto y ayudando a plantar un pequeño pino… ya están despertando hacia ella.

Y por otro lado, la convivencia y la socialización con niños de su edad son primordiales.

Convivir durante unos días en la misma tienda de campaña o en la misma habitación del albergue de turno, obliga a conocer el sentido de la responsabilidad con las normas establecidas y el compañerismo, lo cual permitirá que los pequeños hagan amistades y se adapten al entorno desarrollando habilidades sociales y valores esenciales en la vida.

Aprenderán a compartir, a trabajar en equipo, a mejorar su autoestima, así como el sentido de la independencia y la autonomía.

No voy a obviar que hay niños más introvertidos que otros y que no todos son capaces de adaptarse de la misma forma y con la misma rapidez en el tiempo.

Pero ¡ojo! en los campamentos, los niños están en contacto continuamente con profesionales que se preocupan y velan por su bienestar, para la tranquilidad de los padres y la seguridad de los pequeños.

Por lo tanto serán los que a su vez aseguren su integración en el grupo sin obstáculo alguno con una atención individualizada.

¿Es peligroso?

No me creo que ningún equipo de profesionales se arriesgue a planificar, organizar y llevar a cabo una tarea tan difícil pero gratificante a la vez, si no ha reducido con anterioridad, al máximo, todos aquellos riesgos que haya podido localizar.

A veces lo único peligroso es el miedo constante que algunas familias mantienen y transmiten a sus hijos, que acaba por sobreprotegerlos y limitarlos.

Lo mejor es cerciorarse de todos aquellos puntos que puedan ser motivo de preocupación para la familia y crear un vínculo de confianza entre el equipo de profesionales y los padres.

¿Es necesario?

¡Sí!

La principal razón por la que a los niños les gusta ir a los campamentos de verano es porque lo quieren pasar bien.

En un campamento, el niño disfrutará y vivirá experiencias únicas en un entorno relajado y auténtico.

Así que sí, es necesario crear esa oportunidad y dejar que la vivan.

Vía El alma de mi aula