Han transcurrido diez años desde que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se convirtiesen en el mayor compromiso de la historia por “un futuro más pacífico, más próspero y más justo”.

Desde entonces el avance es lento y muchos logros se han echado a perder a causa de las crisis alimentaria, energética y económica.

A menos que se impulse urgentemente un paquete de rescate para acelerar su cumplimiento, es probable que estemos ante el mayor fracaso colectivo de la historia.

Junto con los objetivos en salud materna y en agua potable y saneamiento, el ODM 1 – erradicar la pobreza extrema y el hambre- es uno de los que va más desencaminado.

Y su retraso pone en riesgo toda la iniciativa de los ODM.

Por ello, reducir el hambre a la mitad debe ser una de las acciones prioritarias en la Cumbre de Naciones Unidas sobre los ODM en septiembre.

En 2009 el número de personas que se acuestan con hambre cada noche superó el récord de los mil millones -la mayoría niños, niñas y mujeres- en un mundo con capacidad de producir alimentos suficientes para todos.

Décadas de abandono de la agricultura y políticas comerciales injustas han hundido la agricultura familiar, agravando el riesgo de sufrir hambre en el mundo en desarrollo.

Así, la escalada de los precios en 2008 más los efectos de la recesión mundial arrastraron al hambre a 150 millones de personas más en sólo dos años.

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