Asier Conde fue chaval y ahora es monitor y coordinador del grupo Eskubeltz.

Asegura que “el grupo supone todo” lo que es él ahora mismo, donde ha crecido, donde le han enseñado “todos los valores” que tiene y con el que se “identifica completamente”.

Eskubeltz es un grupo de tiempo libre scout gestionado actualmente por trece monitores voluntarios y que cuenta ya con más de 50 “chavales”, terminología que usan para referirse a las personas de entre 8 y 18 años de edad que forman parte del grupo.

Este grupo getxoztarra se creó el 23 de marzo de 1991 y ya lleva 21 años educando a chavales en el tiempo libre de una manera informal y enfocada hacia la metodología scout.

El escultismo es un movimiento educativo para jóvenes creado por el General inglés Robert Smith Baden-Powell, que está presente en más de 165 países y cuenta con más de 30 millones de miembros.

Entre sus valores se encuentran los de “formar a personas críticas, libres y comprometidas en la sociedad en la que vivimos”, según establece Euskalerriko Eskautak Bizkaia (EEB), la federación de los grupos scout de Bizkaia.

En esta federación hay adscritos 27 grupos repartidos a lo largo de toda Bizkaia. Para una mejor coordinación entre los grupos, la federación se divide en cuatro zonas geográficas: Ezker-Meatz Aldea, Herri-Aldea, Bilbo Erdia y Eskuin Aldea.

Eskubeltz se encuentra dentro de la zona de Herri Aldea junto con los grupos scout Argizai (Galdakao), Iñurri (Durango), Kilimusi (Arrigorriaga) y Txispeleta (Munguía).

“Abrir las fronteras siempre es positivo tanto para el grupo como para las personas que lo forman” afirma Josu Rubio, monitor del grupo getxoztarra.

“A pesar de las dificultades de comunicación entre los grupos debido a la distancia, siempre hay que estar disponible para aprender de lo ajeno y lo desconocido”, explica.

Lo más importante de la labor de estos grupos scout, tal y como afirma el Método del escultismo, es “la presencia en los barrios o pueblos, sentirse parte activa de los mismos, estar y participar en los actos que se realizan en ellos e incluso ser el equipo motor de muchos”.

Para educar a los chavales se realizan diferentes actividades, como reuniones semanales donde se desarrolla la metodología adecuada a sus edades.

Además también hacen actividades conjuntas con otros grupos scout de la zona, fomentando el conocimiento mutuo entre los niños y adolescentes de diferentes sitios y creando redes de trabajo, de convivencia y de colaboración.

En la tarea educativa, los chavales de cada grupo scout -y de Eskubeltz- se dividen en subgrupos, llamados “ramas”, para trabajar distintas actividades.

Actualmente, los grupos integrados en la EEB, cuentan con 5 ramas en función de su edad: Koskorrak, de 8 a 10 años; Kaskondoak, de 11 a 12 años; Oinarinak, de 13 a 15 años; Azkarrak, de 15 a 17 años y Trebeak, de 17 a 19 años.

Dependiendo de la rama en la que se encuentren se adecúan esas actividades.

Aitor Mingo, uno de los cinco monitores de Koskorrak en Eskubeltz, cuenta que ellos tienen lo que llaman “una aventura” en la que “se educan los valores mediante distintos juegos y actividades, como talleres de manualidades”; este curso los monitores han elegido la de Peter Pan, en la que “el protagonista representa a Jesús y los valores del bien, como la solidaridad y la amistad, y en cambio, el Capitán Garfio es exactamente el lado opuesto, el mal y los miedos personales”.

Entre las ramas de los mayores se encuentra Terese Lujua, Oinarinak en Eskubeltz. Terese explica que van a hacer “un rastrillo en Algorta”, donde venderán “los juguetes que no quieran las familias”, y “un vídeo promocional y publicitario para dos asociaciones” que han elegido: Cruz Roja y Gorabide.

Además de las actividades y reuniones semanales, también los grupos scout organizan salidas y excursiones al monte y una vez al trimestre se van de convivencias. Esta es una forma más de que los chavales de las distintas edades de cada grupo se conozcan mejor y aprendan a convivir.

Pero donde mejor se lo pasan los pequeños es en el campamento de verano.

Estos campamentos respetan en todo momento la metodología scout y se desarrollan en la naturaleza de una manera austera. “Suele durar dos semanas de julio y lo que más me gusta es el día conjunto, cuando nos juntamos todas las ramas y hacemos juegos entre todos”, recuerda Inés Gutiérrez, una chavala de Oinarinak que lleva siete años en Eskubeltz.

Sin embargo, “dormir en tiendas de campaña en el suelo” y “bañarse en el río con agua fría” ya no le gusta tanto, se queja David de 9 años y en la rama Koskorrak.

El simbolismo y las tradiciones en cada grupo están muy presentes y son muy importantes.

Desde grupos scout americanos, donde los grupos van con uniforme e insignias a las reuniones, hasta grupos en Bizkaia donde los grupos se reúnen en los locales parroquiales, vestidos de calle.

Pero todos ellos tienen algo en común, y es que llevan la pañoleta colgada al cuello. La pañoleta es un símbolo de pertenencia al movimiento scout y la impone el monitor de cada chaval, cuando demuestra que está comprometido con el grupo.

Cada grupo tiene una pañoleta con unos colores que lo identifican. Por ejemplo, la de Eskubeltz es de color amarilla y negra.

Para Julia Fernández, otra Oinarinak de Eskubeltz, la pañoleta significa “mucha responsabilidad y compromiso con el grupo en el que se está”.

“Visualmente te sientes más identificada y unida al él”, añade Julia. Asier Conde afirma que la pañoleta es un símbolo de pertenencia a “una forma de vida y de pensar, y que es todo un orgullo llevarla al cuello”.

Francisco Pérez, monitor scout en Eskubeltz, explica que “ser scout es un estilo de vida, ser scout es ser, hacer, sentir, escuchar…

Es dejarte impregnar por todas las personas para dejar este mundo mejor de como lo hemos encontrado”. De hecho, piensa que este debería ser un objetivo del scout, pero también de cualquier persona solidaria.

Francisco, además, es una de las personas más veteranas en el grupo getxotarra -8 años como chaval y 12 años como monitor- y confiesa la razón por la que lleva tantos años en el grupo: “Eskubeltz me aporta vida, solidaridad, esfuerzo y superación personal pero también me ha aportado amigos especiales, mi pareja… en definitiva, mi forma de ser y de participar en mi realidad”.

Aitor Mingo confiesa: “Ser monitor en Eskubeltz supone pertenecer a una familia, como es el equipo de monitores, y conocer a muchas personas, tanto chavales como monitores, con ideas y experiencias distintas que te enriquecen como persona. Hay veces que los niños de ocho años te enseñan más de lo que tú puedes enseñarles a ellos.”

Vía @GontzaLoza en su blog
Blog de Eskubeltz Eskaut Taldea