Compromiso con nuestros amigos, con nuestros compañeros de rama, con nuestros ideales, con nuestro trabajo, con nuestra sociedad.

Con el paso del tiempo, ese compromiso puede que vaya desgastándose y quemándose.

Para reforzarlo, en el mundo del escultismo tenemos las Promesas.

Cada grupo es un mundo distinto y tiene unas tradiciones muy arraigadas a la hora de realizar estas promesas.

Por ejemplo, en mi grupo, Eskubeltz, hay cuatro compromisos importantes.

El primero es al recibir la pañoleta; el segundo es la Promesa de la rama Oinarinak (Rangers); el tercero es la Promesa de Trebeak (Rutas); y el cuarto, es la Promesa de Monitor.

Todos tienen sus peculiaridades, como que en el de Oinarinak recibes una mano, en el de Trebeak una chapa y en el de monitor un cuadro con las leyes scout.

Este fin de semana ya tocaba por fin la promesa de mis chavales, de nuestros Oinarinak.

Para ello, el sábado y domingo nos fuimos los monitores de Eskubeltz Eskaut Taldea con los chavales a Dima, Bizkaia.

En principio, se deberían haber hecho en abril, pero fueron canceladas por el mal tiempo.

Hasta entonces los chavales estaban ansiosos por que llegase la nueva fecha.

Teníamos por delante un fin de semana para reflexionar, disfrutar y compartir con los compañeros de rama.

El sábado por la mañana, después de llegar al municipio vizcaíno, se pusieron a hacer un Raid.

Llamamos Raid a un planfletito de hojas donde los chavales escriben siguiendo un guion, sus pensamientos y reflexiones sobre su situación fuera y dentro del grupo.

Cada uno se fue a solas a un lugar tranquilo donde pudiera concentrarse.

Sin prisa y poco a poco, fueron terminando y acercándose al punto de encuentro.

Ya era casi la hora de comer, así que como en el campamento de verano -con camping gas y quemador- nos pusimos a cocinar unos tallarines deshidratados en el pórtico del albergue municipal de Dima.

Con el hambre que teníamos supieron a gloria aunque se quemasen algunos…

Pero las anécdotas del fin de semana no terminaron aquí.

Después de comer, ya que estaban de exámenes, los chavales tuvieron dos horas libres que aprovecharon para estudiar.

Bueno, ellos para estudiar y nosotros para explicarles dudas.

¡¡Ahí estuve yo explicando la globalización económica o los superlativos en francés a una de mis chavalas!!

Sobre las siete de la tarde nos dieron las llaves de la casa donde pasaríamos la noche, cerca de las cuevas de Balzola.

Los chavales estaban cada vez más excitados y alborotados porque llegaban los momentos más esperados del fin de semana: la puesta en común del Raid y la velada.

Cuando nos acomodamos en la casa, comenzamos la puesta en común de una forma distinta a las que habíamos hecho hasta ese momento, ya que también estaban presentes el resto de monitores.

Uno por uno, cada chaval fue exponiendo sus respuestas y sus reflexiones y al terminar, los monitores le preguntamos dudas o le hicimos comentarios.

Realmente me quedé fascinado por las conclusiones que sacaron.

Muchos mostraron una capacidad de reflexión y de madurez que no me había imaginado hasta entonces.

Varias personas me preguntaron esa misma mañana, a ver si les veía preparados para pasar a Azkarrak (Pioneros) y tras escucharles, si alguna duda me quedaba, puedo decirles un firme y contundente sí.

Poco a poco, se fue rompiendo el hielo para dar paso a la emotividad de los sentimientos.

Y es que ésta es la parte bonita de estos momentos, cuando los chavales reciben comentarios positivos y críticas constructivas de sus compañeros de rama.

Terminamos la puesta en común más tarde de lo que teníamos previsto y la cena se estaba quedando fría.

No sé si las hamburguesas eran de caballo o de qué, pero algún ingrediente debían llevar para que los chavales se nos alterasen minutos antes de la velada…

Si el Raid fue emotivo, la velada aún más.

Aquí sí que terminamos llorando todos a moco tendido.

Paul, el otro monitor de Oinarinak, y yo les preparamos por la casa un camino de velas que repasaba su recorrido como scouts.

Con ayuda de fotos antiguas y de los testimonios de los monitores de las ramas, los chavales recordaron los años en los que estuvieron en Koskorrak (Lobatos), Kaskondoak (Pre-Ranger) y Oinarinak.

Los nervios durante toda esa noche estuvieron presentes ya que al día siguiente era el día de entrega de las manos negras, símbolo de nuestro grupo (Eskubeltz, en euskera, significa literalmente mano-negra).

Para cuando llegaron los padres y familiares a Dima, los chavales ya tenían preparado su discurso y los monitores ultimábamos los preparativos del acto.

La entrega de manos se hizo en la eucaristía oficiada por nuestro consiliario, Javi Garai, y por el cura trinitario de la parroquia El Redentor de Algorta, Juan Mari.

Uno por uno los seis chavales que optaron a hacer la promesa salieron al altar.

Tras leer su compromiso, se acercaron a Paul y a mí para que les impusiéramos la mano en la pañoleta.

Acto seguido, untaron su mano en pintura negra y la estamparon en un tablón de madera junto con su nombre.

Un simple gesto que ellos no olvidarán nunca y que también formará parte de la historia del grupo, ya que ésta ha sido la octava promesa que se ha hecho desde que se fundó en 1991.

Minutos que se quedarán grabados en todas nuestras retinas.

A la vuelta costó despedirse de aquel lugar que tantos buenos momentos ha traído a Eskubeltz.

Pero todo esto no termina aquí, en menos de un mes nos vamos de campamento de verano, y todo scout sabe perfectamente qué significa…

En este vídeo podéis ver el acto de las Promesas de Oinarinak.

Gonzalo Loza Pérez
(@GontzaLoza, gonzaloeskubeltz@gmail.com)
Grupo Scout Eskubeltz