Toledo es una bella ciudad, incluso en tiempos grises y brumosos como los del fin de semana pasado, más propios de otras tierras.

El castillo de San Servando, atendido por personal amable y eficiente, fortaleza árabe en sus orígenes, destaca desde la otra orilla del río, comunicadas ambas por el puente de Alcántara; no así de noche en que los recortes de luz impiden que su figura airosa se recorte contra un cielo negro plomizo.

Bajo sus bóvedas, bandadas de turistas adolescentes suelen jugar a perseguir al fantasma de la torre alta y al juego de las tres culturas, que existieron otrora en la ciudad, mas no en convivencia pacífica simultánea, como gustarían los bienpensantes de la corrección política, sino sucesivamente.

La historia es flexible a imagen y semejanza del presente, pero no hasta el punto de que su verdad no acabe aflorando para el turista que tenga pasión por mirar y ver, por su cuenta, relacionando los datos críticamente.

No adolescentes, sino talluditos representantes del escultismo católico europeo, nos reunimos en el Aula de los Concilios o en el Salón de Actos, antigua capilla con un fresco dedicado a San Servando y San Germán, mártires cristianos, hijos del centurión Marcelo, de Emérita Augusta –vulgo Mérida-, asesinados por la fe en el 305.

El fresco, convenientemente ocultado por una pantalla con el logotipo de las Comunidades de Castilla la Mancha repetido a estilo Warhol, pero en feo, tal vez para no contaminar lo que de adolescente quedara en nuestras almas con historias tan sangrientas.

Fue bonito volverse a encontrar con amigos de Portugal, Francia, Italia, Alemania, República Checa, Eslovenia, Palestina, Israel, Hungría, Egipto, Líbano, Reino Unido e Irlanda.

Echamos de menos a los jordanos y, muy especialmente, a los sirios.

Y hace tiempo que no vienen de Noruega, Bélgica –Flandes y Valonia-, Luxemburgo, Austria o Suiza, no por estar en guerra ni ser vecinos de ella. Europa tiene, tenemos, nuestras preocupaciones: Economía, Ciencia, Tecnología, el euro y los rescates, el Estado del Bienestar.

Son tiempos difíciles para la espiritualidad en general, para el Evangelio en particular y muy difíciles para la Iglesia. Y los scouts católicos somos hijos de nuestro tiempo, tiempo que intenta ocultar a San Germán y a San Servando.

Antonio Matilla, sacerdote.
Consiliario General del Movimiento Scout Católico