El hombre rico tiene sus limitaciones.

Quizás tenga dos o tres casas y cada una de ellas con una docena de cuartos, pero él solo podrá ocupar uno de éstos por turno ya que solamente tiene un cuerpo.

No es mejor en este sentido que el más pobre de los pobres.

Podrá ver y admirar una puesta de sol, gozar de un día claro, o de una vista hermosa, pero el hombre pobre puede gozar de todo esto tan ampliamente como él.

Si el hombre pobre tiene la sensatez de hacer en la vida dos cosas, podrá gozar de ella tanto como el millonario, y probablemente mejor.

Dos llaves para la Felicidad 

La primera es no tomar las cosas con demasiada seriedad, pero sacar el mejor partido de lo que se tiene y ver la vida como un juego y el mundo como un patio de juego.

Shackleton ha dicho: “La vida es el más grande de los juegos; pero se corre el peligro de tratarla como un juego trivial… La meta principal es ganar por medio de la honradez y espléndidamente”.

La segunda es “dejad que vuestras hazañas y vuestros pensamientos los dirija el Amor”.

Por Amor, con “A” mayúscula, no quiero decir enamorarse y todo aquello que se ampara vulgarmente con esa palabra.

Lo que quiero decir es ese espíritu bondadoso que se hace patente al rendir un servicio a un semejante, cuando se es bondadoso y compasivo, cuando se demuestra gratitud hacia los demás por las bondades recibidas.

Eso es buena voluntad y la buena voluntad es la voluntad de Dios.

La felicidad está al alcance de todos, ricos o pobres.

Sin embargo, comparativamente, muy pocas personas son felices.

Creo que la razón de esto es que la mayoría no se da cuenta de la felicidad aunque la tenga al alcance de su mano.

¿Habéis leído The Biue Bird de Maeterlinck?

Es la historia de una muchachita llamada Myltyl y su hermano Tyltyl, quienes se propusieron encontrar “El Pájaro Azul de la Felicidad”.

Vagaron por todo el país buscando y rebuscando sin jamás encontrarlo, hasta que al fin se dieron cuenta de que no tenían que haber vagado: La felicidad, el pájaro azul, estaba ahí donde quiera que ellos escogieran para hacer el bien a sus semejantes, en su propia casa.

Si vosotros meditáis y aplicáis el profundo significado de esta leyenda, ésta se reduce a ayudaros a encontrar la felicidad a vuestro alrededor sin tener que ir a la luna para encontrarla.

Hay muchas personas que ven en su ocupación trabajo, como una molestia.

Y no hacen otra cosa que pensar en los días de fiesta en los cuales podrán gozar.

Con frecuencia, cuando los días de fiesta llegan, llueve, hace frío o tienen morriña y aquellos días tan deseados, se convierten en un positivo fastidio.

La verdad es que no hay que posponer la felicidad para el futuro y que hay que gozar de la vida todo el tiempo.

El hombre cuerdo no atesora para un Cielo vago en un futuro borroso.

Se da cuenta de que él puede edificar su propio Cielo aquí en este mundo y ahora mismo.

Y que cuanto mejor es el Cielo que aquí se construya, mejor será el que obtenga en el futuro.

Y así eventualmente entrará en el verdadero Cielo que él mismo se haya preparado: El Cielo de descanso, de paz y de acción de gracias.

Extraído del libro Roverismo hacia el éxito