Durante la última batalla entre soldados japoneses y estadounidenses, un soldado americano cayó rendido al suelo, muy herido.

Al cabo de unos instantes, pudo escuchar el sonido de alguien que llegaba justo donde estaba él.

Cuando abrió los ojos, vio a un soldado japonés que se acercaba a él con una bayoneta en su fusil.

El soldado norteamericano, herido e incapaz de moverse y creyendo que ese era su fin, se desmayó.

Después de un tiempo indeterminado, el soldado se despertó y se tranquilizó al ver que los soldados japoneses habían desaparecido.

Efectivamente, se estaba recuperando en una cálida y cómoda cama de hospital.

Y, de repente, recordó un pequeño trozo de papel que el soldado japonés le dejó antes de partir.

En él había escritas unas incomprensibles letras japonesas, por lo que pidió al doctor que, por favor, le tradujera esas palabras.

El texto decía lo siguiente: “Soy un soldado japonés que vio, al acercarse, su saludo con los tres dedos, recordándome que yo también fui Scout. Me es imperdonable matar a un soldado herido y a un hermano Scout. Los Scouts son hermanos, le he asistido los primeros auxilios. Buena suerte.”

El Jefe Mishima, que así se llamaba, regresó a Japón para tratar de localizar a este soldado Japonés, pero fue imposible; probablemente murió en alguna acción de guerra.

Hace tiempo que la historia del “soldado desconocido” se relata generación tras generación, hasta llegar a nuestros días, más de medio siglo después de aquella espantosa guerra.

Y para rendir un pequeño homenaje a este soldado, se construyó un monumento en Kodomo No Kuni (Children’s World Park), cerca de Yokohama, Kanagawa, Japón.

Se puede visitar, así que, quién sabe, si algún día os dejáis caer por Japón, igual os hará ilusión visitar el monumento y explicar su historia a vuestros acompañantes.